Oportunidad única para apostar por el turismo sostenible

Parece que ha pasado mucho tiempo desde aquellos días en que os contábamos las protestas en ciudades como Amsterdam, Venecia o Barcelona a causa del sobreturismo. Muchos ciudadanos se sentían expulsados de sus ciudades debido a un turismo en constante crecimiento. Pero en el momento más álgido de esta industria, cuando se esperaba un nuevo récord de turistas para 2020, llegó el COVID-19 y se frenó todo en seco.

Ahora, aquellas ciudades que sufrían los estratos de un turismo masivo, se plantean cómo retomar la actividad económica sin volver por aquellos derroteros. Ciertamente, algunas como Venecia, que vive principalmente del turismo, están pasándolo muy mal. Ni tanto ni tan poco, pensarán. De hecho, los (pocos) habitantes de la ciudad italiana están sufriendo el parón de su economía que sobrevive exclusivamente del turismo.

Algo ocurre con otras ciudades europeas, como Praga o Barcelona, si bien la dependencia del turismo no llega a los niveles de Venecia. Aun así, los residentes de todas estas ciudades están de acuerdo en que llega el momento de cambiar la forma de viajar. Por eso, apuestan por que los viajes futuros hacia estas regiones sean mucho más sostenibles. Esta compleja situación está abriendo el debate sobre qué hacer para que el turismo sea menos exigente y más beneficioso para la infraestructura urbana y para sus habitantes.

Venecia quiere diversificar su economía

New York Times analiza la situación concreta de Venecia. Los residentes esperan que la ciudad desarrolle una economía que no gire completamente en torno al turismo, una que atraiga a inversores internacionales, apueste por las dos universidades que allí tienen sede y reconvierta los edificios vacíos en instalaciones de investigación ambiental.

La pandemia ha frenado en seco a la industria hotelera veneciana, por eso es el momento de repensar el turismo en la ciudad. “Es el momento de recuperar esta ciudad, si no en un par de años volveremos a quejarnos sobre el turismo masivo”, señala Claudio Scarpa, presidente de una asociación hotelera veneciana.

Paolo Costa, ex alcalde de la ciudad, va más allá: “Tenemos que actuar ahora, antes de que el turismo de masas se recupere, pues no vamos a tener una segunda oportunidad“.

Tal y como señala New York Times, Venecia fue un centro comercial y financiero muy activo en la Edad Media, momento en que fue Estado independiente. Su ubicación, a medio camino entre Constantinopla y Europa occidental la convirtió en “la capital del capitalismo”.

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Una ciudad reconvertida por y para el turismo

Pero cuando el comercio empezó a virar hacia el Atlántico, perdió esa ubicación privilegiada, una situación que se agravó cuando a finales del siglo XVIII cayó bajo dominio extranjero, primero bajo dominio austriaco y finalmente, italiano. En ese momento, los ciudadanos ricos europeos empezaron a visitarla dentro del tour de ciudades turísticas italianas, hasta que a finales del siglo XX se convirtió en una especie de ‘monocultivo turístico’.

Antes de la crisis del coronavirus, los hoteles venecianos recibían a más de 10 millones de huéspedes cada año. Pero esa cifra no tiene en cuenta a los millones de viajeros que no pernoctan en la ciudad o que desembarcan en cruceros. Esa cifra podría dispararse hasta los 20 millones de turistas anuales, frente a 50.000 residentes. Y, obviamente, son el único motor de la economía, pues el pasado año dejaron en la ciudad más de 3.000 millones de euros.

No cabe duda de que el turismo ha cambiado el alma de Venecia. Las tiendas de comida se convirtieron en tiendas de recuerdos para turistas. El precio de la vivienda se disparó y la falta de servicios expulsó a los residentes. Por ejemplo, Airbnb ofrece más de 8.000 apartamentos en la ciudad.

El centro histórico ha pasado de 175.000 residentes en 1950 a menos de 50.000 en la actualidad. Por eso, los habitantes que todavía viven en la isla quieren que la economía cambie. Se consideran la resistencia, si bien al menos la mitad (unos 25.000) vive directamente del turismo. Pero ahora, aprovechando la complicada situación provocada por el COVID-19, están dispuestos a cambiar. ¿Podrán conseguirlo?

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